Miedo y Asco en Londres


Algunas impresiones sobre la capital británica.

Llego a Londres con la esperanza de encontrarme a Hugh Grant en una librería pero me encuentro con una ciudad escaparate en donde la gente apenas se toca y apenas se conoce. Una ciudad anuncio llena de cámaras y de normas; no fumes, no bebas, no levantes la voz. Mira a la derecha antes de cruzar la calle. Y paga. No nos importa si llevas tatuajes, turbante o rastas hasta la cintura, mientras pagues todo irá bien. Una ciudad que no reniega de su pasado colonial e imperialista en la que se suceden los monumentos que guardan honor y gloria a los combatientes en La India, Sudáfrica o Irlanda del Norte: no sienten vergüenza sino orgullo. La capital de un país de idiotas monárquicos de clase media pegados a sus tradiciones más ancestrales: leer el Daily Mirror tras regar las flores de la entrada o hacer footing los domingos por la mañana. El concepto de tiempo es relativo en Londres, la flexibilidad laboral es tan salvaje que lo de trabajar de lunes a viernes por el día, descansar por la tarde-noche y tener libre el fin de semana es un anacronismo del pasado, si no miras el calendario no sabes si es martes o domingo, todo está funcionando ininterrumpidamente, incluso las obras. Atrás quedó el «Sábado noche, domingo mañana», ya no hay jóvenes de fábrica como Arthur Seaton que puedan beber el sábado por la noche y sentirse culpables el domingo mañana, el domingo por la mañana sirven pizzas por cinco libras la hora.

Llego a Londres con la esperanza de encontrarme a Hugh Grant en una librería pero me encuentro con Roberto (exiliado económico) que vive en una casa con 12 personas más, 12 supervivientes. Le pregunto que cómo se apañan para gestionar algo tan sencillo como la cocina, el baño, la televisión, etc. Dice que no importa, cuando uno se levanta a las cinco de la mañana para irse a trabajar, otro llega del turno de noche, otro sale a mitad de mañana, otro llega por la tarde… y así sucesivamente. Los horarios están completamente rotos y vive con gente a la que apenas conoce o se cruza con ella en la misma casa, es terrorífico. Londres va un paso más allá: si en nuestras ciudades es difícil conocer a la gente que vive en la misma escalera, en Londres no se conocen ni los que viven en la misma casa. Visto lo visto, es casi un milagro que el sábado por la tarde, lográramos reunirnos, a la misma hora y en el mismo lugar, 15 personas del Círculo Podemos Londres. Llego tarde porque no encuentro el parque en cuestión, pregunto pero nadie me sabe explicar, es difícil cuando te entienden pero tú no les entiendes a ellos porque se empeñan en hablar insultantemente deprisa. Al final una chav y sus tres churumbeles (Owen Jones dixit) me acompañan hasta el parque. La charla es amena y dinámica y como sucede en estos casos terminamos en un punto sin retorno, cómo hacer que la gente abra los ojos y se movilice cuando se vive en un chantaje permanente que te pone de patitas en la calle si levantas la voz. El miedo es algo horrible. Paraliza, desmoviliza y nos convierte en autómatas.

Llego a Londres con la esperanza de encontrarme a Hugh Grant en una librería pero me encuentro con Fernando, ingeniero agrícola que prefiere fregar platos en la ciudad de la cabinas rojas a consumirse en España sin nada que hacer. Me dice que el trabajo, por precario que sea, dignifica. Tras dos años en paro y al borde de una depresión severa, decidió romper con todo y venirse a Inglaterra a buscarse la vida. Me cuenta lo horrible que era el domingo por la noche en su cama, pensando en qué hacer mañana, y la única palabra que acudía a su mente era NADA. Me cuenta lo relativo que resulta el tiempo cuando no tienes nada que hacer: te cansas de echar currículums, te cansas de patear las calles, te cansas de leer libros, te cansas de ver series de culto, de navegar por internet. Y todo te aburre, todo te hastía, todo carece de sentido y sientes que cualquier día vas a perder la chaveta. Te consumes de no hacer nada. Mientras que fregar platos, correr detrás de los autobuses, hacer cuentas para no llegar a fin de mes, conocer gente nueva, en definitiva, sobrevivir, es mejor que la muerte en vida que supone el paro de larga duración. Me dice consternado que es terrible la violencia pero que necesitamos un muerto, un punto de inflexión, un mártir. Le respondo: ¿que vuele el Banco Central Europeo? Sonreímos amargamente.

Llego a Londres con la esperanza de encontrarme a Hugh Grant en una librería pero me encuentro con Imperial Gifs, una tienda de souvenirs del imperio con calzoncillos y tangas con la bandera británica, llaveros con cabinas rojas y tazas de café con el rostro de la Reina Isabel II, todo muy hortera. Detrás del mostrador hay un joven hindú, la contradicción es enorme. Me entran ganas de preguntarle si le gusta vender este tipo productos que engrandecen y glorifican el saqueo de su pueblo. Desecho la idea, obviamente todo el mundo tiene que pagar facturas. Me sumo al aquelarre y compro una camiseta del Metro de Londres por nueve libras, es mejor que una taza de la Reina Isabel. Sigo pateando hasta que llego al parlamento británico y me encuentro con una estatua de Churchill y me acuerdo de todos los besugos que por Twitter escriben aquello de «los antifascistas de hoy serán los fascistas de mañana». Frase que nunca dijo el gordo del puro, sí que dijo otras como «Estoy totalmente a favor de usar gas venenoso contra tribus incivilizadas», se refería a los bolcheviques y como Ministro de Aviación, no dudó en utilizarlo en el norte de Rusia durante la guerra civil rusa en favor del ejército blanco, corría el año 1919. Escupo sobre la estatua. Entonces me hago la típica foto de paleto junto a la cabina roja y el Big Ben de fondo. Y reflexiono. Y pienso que sobre estas mismas calles adoquinadas, las columnas obreras marcharon con la cabeza bien alta peleando por sus derechos, haciendo atronar la razón con el peso de sus botas negras de trabajo. Y pienso en cuántos se dejaron la vida por aquello que es justo, en ese Londres insalubre de la máquina de vapor, el trabajo infantil y las manifestaciones reprimidas a golpe de bayoneta. Y pienso en la sangre roja corriendo a borbotones por unas calles hoy llenas de turistas con móviles de última generación, cámaras de vigilancia en cada esquina y carteles enormes de Gwyneth Paltrow anunciando a Hugo Boss. Cuánto nos cuesta a los de abajo conseguir tan poquito. Cuando el Partido Laborista surgió en 1900 no recibió el apoyo de un solo diario británico de la época. Eran otros tiempos, cuando los sindicatos no recibían subvenciones y eran cajas de resistencia destinadas a las huelgas y cuando los representantes obreros llegaban al parlamento a pie y manchados de carbón y no en un coche oficial blindado. ¿Cómo se hace para pasar de eso a Tony Blair?

La sala es una olla a presión, pequeña pero con un equipo atronador. El público lo da todo. Nosotros lo damos todo. Es muy emocionante encontrarte banderas republicanas a tantos kilómetros de casa, banderas por el acercamiento de los presos vascos, banderas andaluzas con la estrella roja. La comunión es completa y compruebo el gusto y el morbo que otorga gritar viva el Ejército Republicano Irlandés en el centro de Londres. Menciono a los mineros británicos, ya jubilados, que hicieron colectas en solidaridad con los mineros asturianos recientemente movilizados. Ese, el de la solidaridad, es el único camino. Me despierto con resaca para seguir pateando la ciudad, la cerveza caliente es horrible. Bajo de la triple litera. Para cruzar la habitación tengo que caminar de canto. Dormimos hacinadas hasta ocho personas, el cuarto no es más grande que el camarote de un submarino alemán de 1942. Se trata de un albergue en el centro de Londres en el que hay que pedir permiso hasta para estornudar y no te dejan fumar ni en la puerta de la calle. Le digo al recepcionista que la calle es de todos, no propiedad del albergue. 25 libras la noche es una buena oferta en una ciudad donde la vivienda y el transporte son privilegios destinados a la clase media, cuatro libras cuesta un billete sencillo de metro, casi cinco euros. Descontando el alquiler de la sala, el tanto % de promotores y oficina, los billetes de avión, el transporte en la ciudad, el alquiler de equipo, las comidas y las cenas (por infectas que sean) y el alojamiento, con suerte saldremos a veinte euros por cabeza. Y eso metiendo a 450 personas que pagan su entrada. ¿Que si merece la pena? Claro que merece la pena, solo por ver cómo Fernando y Roberto y otros héroes anónimos cantaban las canciones, merece la pena.

¿Saben? Llegué a Londres con la esperanza de encontrarme con Hugh Grant en una librería, pero la verdad es que el protagonista de Notting Hill es un imbécil de clase media; de los que sacan la escoba en señal de protesta cuando los chicos de la capucha y la ropa deportiva montan disturbios (porque hay que barrer a la escoria); de los que criminalizan a las madres solteras acusándolas de parásitas; de los que viven en un dúplex con entrada en el jardín y no tiene que compartir piso con ocho personas; de los que no tienen que colarse en el metro porque puede pagarlo; de los que tienen un trabajo interesante; de los que tienen buena figura porque comen comida sana y no esos breakfast inyectados en colesterol; de los que tienen una taza con la cara de La Reina. El protagonista de Nothing Hill será de los que pidan mano dura cuando, tarde o temprano, los trabajadores y trabajadoras, los de abajo, los parias, en definitiva, los que sirven en esta ciudad de servicios, hagan atronar la razón cuando marchen sobre Downing Street exigiendo lo que es justo.  Además, yo siempre fui más de Billy Elliot que de Notting Hill.

Llegué a Londres buscando a Hugh Grant en una librería y me vine con la maleta llena de dignidad.

A todos los exiliados. Sois ejemplo.

Nega.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s