¿Qué es lo que está sucediendo en Ucrania?


Ucrania está siendo el centro de atención del espacio postsoviético debido a las revueltas que amenazan con desencadenar una guerra civil en el país. El desencadenante de las revueltas fue la suspensión del Acuerdo de asociación con la UE, aunque las causas de la revuelta son bastante más profundas.

Desde la caída de la URSS, Ucrania ha tenido fuertes divisiones entre las distintas realidades que se encuentran en el país. El nacionalismo ucraniano y el fanatismo religioso fue alentado desde el extranjero, como en todas las repúblicas soviéticas, con tal de provocar conflictos en la URSS.
Lingüísticamente, Ucrania tiene un tercio de la población rusoparlante, que se sitúa en el Este y en el sur del país. Los otros dos tercios usan el ucraniano aunque también hablan el ruso a la perfección. Tras la independencia, el ruso es perseguido en la esfera pública en detrimento del ucraniano.

A nivel religioso, también existen fuertes divisiones que hay que entender porque están teniendo su importancia en los acontecimientos actuales. El 60% de la población ucraniana se declara atea, mientras que casi el total del 40% restante se declara como ortodoxa. En Ucrania, hasta la iglesia ortodoxa está dividida, por un lado el Patriarcado de Kiev rompió con la Iglesia ortodoxa rusa en 1992, mientras que otra parte de la iglesia permanece leal al Patriarca de Moscú.

A nivel político también existen fuertes fracturas. Por un lado tenemos al bloque “proruso”, encuadrado en el Partido de las Regiones de Viktor Yanukovich. Por otro lado tenemos al Partido Comunista de Ucrania, la tercera fuerza política del país con el 15% de los votos. Por último tenemos a la conocida como “oposición”, liderada por el partido de Yulia Timoshenko “Patria”, el partido dirigido por el exboxeador Vitaly Klitchko y un partido de marcado tinte nazi llamado “Svoboda”.
A nivel económico se da la fractura más importante. Por un lado está la oligarquía surgida del expolio soviético en 1991, estos prefieren seguir manteniendo negocios con Rusia porque es hacia donde orientan su actividad (dedicada sobretodo al gas procedente de Rusia). Por otro lado tenemos a una oligarquía emergente que pugna con la anterior y que mira hacia la UE como principal aliado para apropiarse de parte de los recursos ucranianos (como es el caso de las minas de carbón).

Mientras tanto, el pueblo ucraniano vive en condiciones lamentables. Hasta el año 2006, Ucrania no consiguió igualar el PIB de 1990 (90.000 millones de dólares). Desde entonces, sí ha tenido un crecimiento de la producción, aunque se ha distribuido de una forma muy desigual. El pueblo trabajador sigue pasando necesidades, como las que llevaron en 2012 a más de un centenar de muertos por el frío.

Hay que decir, que el gas o el petróleo procedentes de Rusia no se venden a precio de mercado, sino mucho más bajos. Este último mes, crítico para el gobierno, Vladimir Putin hizo una rebaja del 30% en el precio del gas.
Los antecedentes a esta situación los encontramos en la llamada “revolución naranja” del año 2004, en donde una “oposición” sabe aprovechar el descontento popular para llegar al poder. Esta oposición naranja lideró protestas y manifestaciones contra el resultado electoral obtenido. El resultado fue la llegada al poder de políticos proeuropeos con escasa cohesión entre ellos. Así Yulia Timoshenko fue presidenta durante 9 meses en 2005. Le sucedió Yushenko hasta 2007, año en que Timoshenko retomó la Presidencia hasta el año 2010. En ese año estos proeuropeos son apartados del poder por las urnas.

Yulia Timoshenko, la candidata preferida de la UE, sería encarcelada como consecuencia de sus delitos cometidos como Presidenta. La evasión de impuestos, malversación de fondos públicos etc. la llevaron a la cárcel. Constantemente ha sido aprovechada esta circunstancia por occidente como coartada para apoyar acciones subversivas. La oposición ucraniana también ha recurrido reiteradamente a este hecho para legitimarse.

Durante la Eurocopa de 2012, los líderes europeos no perdieron oportunidad para ir preparando un clima favorable a sus intereses. Merkel, Rajoy, Cameron y Hollande boicotearon la Eurocopa, negándose a pisar suelo ucraniano.
El debate se produce entre integrar a Ucrania en la Unión Aduanera con Rusia, Bielorrusia y Kazajstán, o integrarse en la UE. Pero a medida que van pasando los días, se está haciendo visible el carácter ultraderechista de las protestas.
A la izquierda, el líder de UDAR (puñetazo en ucraniano). A la derecha, el líder del partido neonazi “Svoboda”

¿hacia donde van las protestas? El derribo de estatuas de Lenin, muestra los miedos de estos opositores. Son los herederos ideológicos de aquellos que acogieron a las SS en territorio ucraniano en 1941, y posteriormente vencidos por el Ejército Rojo. Las persecuciones de comunistas y judíos llevadas a cabo por las SS y el Ejército Insurgente Ucraniano, inspiran hoy a miles de manifestantes. Su estética militarista y su simbología ultraderechista delatan su nostalgia por aquella época.

En la principal plaza de la protesta de Kiev, los militantes de “Svoboda” ejercen como fuerza de choque contra la policía. Algún militante de este partido declaraba “a nostros nos da igual la integración europea, queremos llevar a cabo la revolución nacional y social”.

Alentar grupos fanáticos y aprovechar el descontento popular ha sido la táctica del imperialismo para desestabilizar países enteros. Libia, Egipto, Siria etc. Y ahora lo intentan en Ucrania. Los mismos folletos de guerrilla urbana que circulan en Siria, lo hacen ahora en Kiev. Nacionalismo y fanatismo religioso son factores que saben aprovechar, como supieron aprovecharlo para acabar con la URSS.

Mientras Rusia presiona con los precios de la energía, la UE chantajea al gobierno ucraniano. Existen dos proyectos de país que se empeñan en ser irreconciliables. Mientras, el Partido Comunista de Ucrania se muestra contrario a las protestas y a la integración europea. El Partido Comunista propone realizar un referendum en el que el pueblo exprese su voluntad de forma pacífica y democrática. Antes del inicio de las protestas, llevaban más de tres millones de firmas exigiendo esta solución, algo a lo que la “oposición” europeista se ha negado reiteradamente.

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