El éxodo silencioso del joven talento español


Elena Lorrio, de 26 años, no se podía imaginar en 2005 cuando entró en primero de Arquitectura en la Universidad Politécnica de Madrid, que todo lo que iba a aprender en el aula lo tendría que aplicar a miles de kilómetros de su ciudad. Madrid era el vivo reflejo de la expansión urbanística, en los estudios de arquitectura rebosaban los proyectos de obra pública y privada y de repente, llegó el vacío.

“Cuando yo entré en la escuela, lo normal era que la gente saliera de la carrera con trabajo”, recuerda Elena, con las maletas preparadas para mudarse a Lausanne (Suiza), a un pequeño estudio de arquitectura que le ofrece un año de contrato con un sueldo de prácticas de 1.600 francos suizos (1.300 euros).

 

“Cuando a la generación de mis padres la echaron para que viniera aquí, y no tenía apenas ninguna preparación, era una barbaridad. Pero lo de ahora es mucho más absurdo. Con todo lo que invierte el Estado en preparar a estos jóvenes para luego ofrecerlos al mercado laboral internacional…”, lamenta Daniel Ordás, presidente de la Asociación de Empresarios y Autónomos Españoles en Suiza con sede en Basilea.

 

Emannuel se marcha a Suiza sin trabajo pero con entrevistas cerradas

 

Según el Padrón de Españoles Residentes en el Extranjero (PERE), que registra datos desde 2009, el número de jóvenes españoles en el pequeño país alpino ha crecido a los niveles de grandes países como Alemania o Francia. En Suiza hay 28.655 españoles de entre 20 y 40 años, según esta estadística. “Hace un año vino un empresario que había liquidado su compañía. Con los únicos 3.000 euros que sacó, se vino. No tenía nada más. Se lo digo a muchos, vais a venir a cuidar los niños de los suizos”, lamenta Ordás, que además de presidir la asociación de empresarios españoles, es abogado.

 

El padrón de emigrantes españoles no refleja la realidad del fenómeno migratorio. Los trabajadores como Elena Lorrio acuden allí con un contrato de un año y son prácticamente invisibles para las estadísticas oficiales. “Voy a Suiza sin trabajo, pero desde aquí ya he conseguido cerrar unas cuantas entrevistas”, señala Emannuel Cariño, biólogo de 31 años. Licenciado en la Universidad Complutense de Madrid, Emannuel ha enlazado varios trabajos temporales en proyectos de conservación de la naturaleza pero confía en que la mentalidad medioambiental más avanzada de otros países europeos le ayude en sus perspectivas laborales.

 

“El medio ambiente se trata en España como una obligación que es necesaria cumplir por una normativa europea por ejemplo. En Suiza, los proyectos de medioambiente son parte del sistema”, añade Cariño. A diferencia de otros españoles que se lanzan a la aventura en Suiza con visado de turista, Emannuel cuenta con la ventaja de ser ciudadano francés. “He llegado a tener un cliente que me pidió pasar una noche en el coche porque no tenía dónde ir. La gente está viniendo en todas las circunstancias”, explica Ordás.

 

Muchos buscan especialidades que no existen en España

Faltan especialidades

 

El colapso financiero que desencadenó en 2008 un desempleo galopante en España no ha sido el único motivo por el que los jóvenes se están exiliando. A veces, los jóvenes han buscado profesiones o especialidades inexistentes en España. “Me fui en 2006 por varios motivos pero entre otros porque mi especialidad [psiquiatría infantil] no existía como tal en el panorama MIR [Médico Interno Residente] español. Además, me matriculé en Filosofía en la UNED y eso me permitía seguir estudiando desde fuera”, señala Javier Andrés Moral, médico residente en Berlín, donde cobra 3.600 euros de salario mensual.

 

El sueldo de Javier, de 29 años, en el sistema sanitario alemán dobla al que recibe un médico español en sus primeros años de especialidad. “En mi caso, no fue tanto la carencia de oferta de trabajo en el sector médico, que en otros sectores puede ser el mayor obstáculo, sino que el defecto radica en una estructura demasiado rígida, casi ya determinada desde el inicio de la carrera”, detalla este psiquiatra para explicar las dificultades que supusieron parte de su viaje.

 

La diferencia de salarios y la sobrecualificación disparada en España son suficientes motivos para que los jóvenes apuesten por probar suerte fuera. “No sé qué es lo que lleva a las empresas a ofrecer 600 euros al mes por trabajar sin horarios y de becario como una oportunidad para triunfar en la vida”, explica Juan Rivas, ingeniero forestal de 29 años. Tan mal lo tuvo en su sector que volcó sus esfuerzos en las clases de esquí, deporte del que es profesor.

 

Rivas cobra cerca de 3.000 euros brutos al mes en Suiza enseñando la cuña a los turistas. Tampoco ve muy buenas perspectivas laborales en este sector. “Es difícil vivir del dinero que le sobra a la gente cuando hay familias que no llegan a fin de mes”, analiza.

 

El PERE dice que en Alemania residían 31.610 españoles de entre 20 y 40 años el pasado año. En Reino Unido, en el mismo periodo, vivían 24.394 españoles entre esas edades. Una de esos españoles es Sirio Canós Donnay, de 23 años. En el caso de esta chica, el talento fue pescado por otro país desde muy joven. “Salí de España porque quería estudiar Arqueología y en aquel momento no existía como carrera universitaria, había que estudiar Historia y después especializarse. Además, me admitieron en la Universidad de Oxford, y esa no es una oferta que se pueda rechazar”, explica Canós.

 

Oxford fichó a Sirio y se preocupó de mantener a esta estudiante talentosa. “Me premiaron la tesina y me ofrecieron una financiación completa para hacer el doctorado allí y un puesto de tutora asistente”, explica como especialista en la arqueología medieval de Mali (África occidental). “No he buscado trabajo en España todavía pero mis compañeros me dicen que la universidad española ha mejorado mucho en los últimos años, alejándose del nepotismo tradicional y abriéndose a la comunidad investigadora internacional”, opina.

 

Generación Erasmus

 

Parte de ese aperturismo ha sido aportado por las generaciones que han realizado en un país de la UE la beca Erasmus, como la arquitecta Elena Lorrio, que pasó una estancia de un año de estudio en Grenoble (Francia), que le ha permitido un dominio del idioma suficiente para encontrar trabajo en Suiza. “Mantener la inversión en investigación, que a largo plazo es una de las mayores fuentes de desarrollo de un país”, es lo primero que cambiaría Sirio Canós de España para que no pudiera importar talento o al menos, retenerlo.

 

De momento, el Gobierno ha recortado el presupuesto de Investigación y Desarrollo en 600 millones de euros. Canós habla con conocimiento de causa después de ver los recortes aplicados por el Gobierno conservador de David Cameron en Reino Unido. “Los recortes empezaron antes y el retroceso ha sido mayor. Desde el año pasado, se ha recortado la financiación pública de las universidades en un 80% y en un 100% en las humanidades, de manera que pasan a financiarse exclusivamente de las matrículas de los estudiantes que han ascendido a 9.000 libras anuales (10.800 euros)”, ejemplifica.

 

La crisis no explica todo el éxodo. La globalización de la economía y la internacionalización de los estudios con programas de homologación como Bolonia han sido y serán claves en el fenómeno. Pero siempre aparecen las vocaciones internacionalistas como las de la familia de la periodista y escritora Raquel Martínez, de 38 años. Tras dos años en Reino Unido, Raquel se marcha con su hija de 9 años y su pareja, Manuel Iglesia, de 56 años, a Uruguay. Él ha conseguido ese destino en la Agencia Española de Cooperación y Desarrollo, afectada por el recorte de 900 millones a la cooperación.

 

“Los españoles siempre tenemos la sensación de que dejamos algo atrás. Pero de todo se aprende. Hay mucha gente valiosa que hasta que no sale de su país no tiene su oportunidad”, sentencia Martínez.

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