Libertad


La palabra “libertad” impone su mito por todo el país, desde la historia oficial sobre la fundación de la República hasta el discurso más reciente de cualquier político; está grabada en cada moneda, está en los himnos y en los juramentos patrióticos, a veces junto a la palabra “justicia”, a veces cerca del inevitable lema nacional “en Dios confiamos”.

Pero resulta que el país “más libre del mundo” es el más encarcelado del planeta. Pero esta ley y este orden promovidos en nombre de la libertad no se aplican de manera pareja para todos. Hay una ley para los blancos y otra para los pobres, especialmente si son “minorías”. Hay un orden para una camarera y otro para un maestro del universo. Hay una ley para los inmigrantes y otro orden para los banqueros.

 

El veterano columnista Frank Rich, en la revista New York, lo resumió así al describir las acciones judiciales del gobierno de Barack Obama: “La seguridad pública durante la presidencia de Obama encerró a 393.000 inmigrantes indocumentados y a cero banqueros el año pasado.”

 

Cuando Charles Ferguson ganó el Oscar al mejor documental este año por su película Inside job, que examinó la crisis financiera de 2008, declaró al recibir el trofeo ante un público mundial: “Discúlpenme, tengo que empezar señalando que tres años después de nuestra crisis financiera horrenda, causada por fraude financiero, ni un solo ejecutivo financiero ha ido a dar a la cárcel, y eso está mal.”

 

El país de la libertad tiene encarcelados a más de 2,3 millones de sus ciudadanos; con 5% de la población mundial, Estados Unidos tiene 25% de la población encarcelada mundial. Según la organización independiente The Sentencing Project, uno de cada 135 estadunidenses está encarcelado. Según el Centro Pew en los Estados, uno de cada 31 estadunidenses está sometido a supervisión por el sistema de justicia criminal (en prisión, bajo libertad condicional, en espera de juicio, etcétera).

 

El presupuesto para prisiones es el rubro de mayor crecimiento después del programa federal Medicaid en el país (se gasta de 52.000 a 60.000 millones en prisiones en este país al año).

 

Entre los reos, hay un número de prisioneros políticos, y durante los últimos años muchos más encarcelados, detenidos o bajo investigación judicial por razones políticas, incluyendo activistas contra la guerra, todo justificado por la “guerra contra el terrorismo”.

 

Pero la ley y el orden no se aplican igual ni en las prisiones. Casi 40% de los encarcelados en el país son afroestadunidenses, 21% hispanos y 34% ciento blancos (en la población general del país los afroestadunidenses representan 12%, los hispanos alrededor de 14%). Más de 60% de la población en prisiones son minorías raciales o étnicas. Entre los hombres negros de 20 a 30 años de edad, uno de cada ocho está encarcelado. Los hombres negros tienen 32% de probabilidad de estar encarcelados en algún momento de su vida; los latinos, 17% de probabilidad, y los blancos, sólo 6%, según tendencias calculadas de las cifras oficiales por el Sentencing Project. O sea, uno de cada tres afroestadunidenses y uno de cada seis latinos que nacen hoy acabarán encarcelados en algún momento de su vida.

 

Según la profesora de leyes Michelle Alexander, es su extraordinario nuevo libro The New Jim Crow: Mass Incarceration in the Age of Colorblindness, “hay más africano-estadunidenses bajo control correccional hoy día –en prisión o cárcel, en libertad condicional– que los que estaban esclavizados en 1850, una década antes de que empezara la Guerra Civil”.

 

Gran parte del enorme incremento en las filas de encarcelados –de 300.000 a finales de los setenta a 2,3 millones ahora– tiene que ver con la llamada “guerra contra las drogas”. Esa guerra, afirman Alexander y otros críticos, incluyendo el ex presidente Jimmy Carter, se ha llevado a cabo casi exclusivamente en comunidades pobres minoritarias, a pesar de la evidencia oficial de que los afroestadunidenses y latinos usan y venden drogas casi de manera idéntica a los blancos.

 

Peor aún, de los aproximadamente 500.000 encarcelados por droga, la gran mayoría son por posesión (en años recientes, 4 de cada 5 arrestos fueron por posesión, sólo uno por venta), y la abrumadora mayoría por mariguana.

 

El incremento sin precedente de encarcelados aquí llevó a que, en mayo de este año, la Suprema Corte de Estados Unidos ordenara al estado de California liberar aproximadamente a 46.000 reos –una cuarta parte de la población encarcelada en el estado– durante los próximos dos años, al determinar que las condiciones creadas por la superpoblación estaban provocando “sufrimiento innecesario y muertes”.

 

En estos últimos días estalló una huelga de hambre de cientos de prisioneros por lo menos en 11 de las 33 prisiones de California, en protesta por condiciones que denuncian como “crueles e inhumanas”. Todo empezó en una unidad de seguridad máxima donde se mantiene a los reos en aislamiento extremo: en celdas sin ventanas y sin sonido, donde se pasan casi 23 horas al día con una salida a un patio para caminar durante una hora. Los reos también demandan mejor alimento, ropa contra el frío y el derecho a una llamada telefónica al mes, reportó Los Ángeles Times.

 

Pero para algunos enjaulados sí hay esperanzas. La semana pasada se llegó a un acuerdo histórico en este país: los Productores de Huevo Unidos y la Humane Society, organización dedicada a proteger el trato de animales, proclamaron que habrá “una mejora histórica” para millones de gallinas, cuando poco a poco se trasladen de sus “jaulas apretadas” a unas más amplias, lo que les permitirá “expresar su comportamiento natural”, reportó la agencia Ap.

 

Como afirmó el gran pensador estadunidense del siglo XIX Henry David Thoreau: “Bajo un gobierno que encarcela injustamente a cualquiera, el lugar verdadero para un hombre justo es también una prisión”. Thoreau, al no pagar impuestos por su oposición a la guerra de Estados Unidos y México y la esclavitud, fue encarcelado brevemente en 1846.

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