Eslinda Núñez: Premio Nacional de Cine 2011


Gozo del privilegio de conocerla personalmente y es una persona de exquisita educación formal, pero, además, excelente actriz, lo cual ha quedado fehacientemente demostrado a través de toda su carrera, primero, en las tablas, después, en el mundo audiovisual (cine y televisión).

Por estos días, para júbilo de todos, ha dado a conocerse que a Eslinda Núñez (Santa Clara, 1943), por su personal contribución al séptimo arte, le han conferido el Premio Nacional de Cine 2011, máximo reconocimiento que otorgan el Ministerio de Cultura y el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC).

 

El jurado que concedió el Premio, presidido por el editor Nelson Rodríguez, lo integraron, además, los realizadores Víctor Casaus y Léster Hamlet; José Galiño, sonidista, así como Marta Díaz, Decana de la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual, y Mario Piedra, profesor de Cine de la Universidad de La Habana.

 

Hija de un ama de casa y de un chofer de ómnibus, Celia y Ciro, la infancia de Eslinda Núñez transcurrió en Sagua la Grande. La niña, desde muy temprano, proyectó su inquietud hacia las artes: en la escuela recitaba poemas y tuvo inclinación por la pintura, vocación que no desarrolló después. Aunque siente admiración por la obra de otros, su pintor favorito-ha dicho- es Víctor Manuel.

 

En Santa Clara, Eslinda estudió la secundaria y el pre-universitario; años más tarde, cuando ya vivía en la capital del país, matriculó Licenciatura en Lengua y Literatura Hispánica.

 

En un principio, sus inquietudes artísticas tuvieron su cauce al estudiar en la Academia de Teatro Estudio, dirigida por Vicente Revuelta, en Neptuno y Campanario. Aquel fue el comienzo de todo, mientras que Nuestro pueblito (Our town), de Thornton Wilder, sería la primera obra en la cual Eslinda Núñez actuara.

 

En Teatro Estudio, la actriz participó en más de veinte piezas, entre ellas, La soprano calva, de Ionesco, y La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca. Posteriormente, Eslinda transitó por las pequeñas salas de teatro habaneras, entre ellas, Las Máscaras, Tespis y El sótano e integró el grupo La Rueda, que dirigía Rolando Ferrer, una persona un tanto olvidada de nuestro teatro; asimismo, ella formó parte del elenco del Teatro Musical de La Habana.

 

Su llegada al Séptimo Arte

 

Con este background, Eslinda Núñez irrumpió en el mundo del cine. Debutó en El otro Cristóbal, “sátira de símbolos fantásticos”, que dirigiera Armand Gatti en 1963. En aquella década de la pasada centuria, ella tuvo el privilegio de actuar, sucesivamente, en tres títulos emblemáticos de nuestra cinematografía, devenidos clásicos: Memorias del subdesarrollo (1968), Lucía (1968) y La primera carga al machete (1969), dirigidos, respectivamente, por Tomás Gutiérrez Alea (Titón), Humberto Solás y Manuel Octavio Gómez. Si bien fue Noemí en Memorias…, Lucía 1932, segundo episodio del filme de Solás, –el cual reflejó la lucha contra la dictadura de Gerardo Machado—, tuvo la particularidad de proporcionarle a Eslinda su primer papel estelar. Y al referirse a su trabajo, comentó el cineasta: “Lo que ella transmite tiene una capacidad fulgurante”.

 

Hubo una perfecta química entre Humberto Solás y la actriz, tanto fue así, que él volvería a dirigirla en otros tres largometrajes de ficción: Un día de noviembre (1972), Amada (1983), (Premio de Actuación 1984, otorgado por la Sección de Artes Escénicas de la UNEAC) y Cecilia (1981), así como en el documental Wifredo Lam (1979).

 

Eslinda Núñez — según le confesara al colega José Luis Estrada Betancourt— considera que El jinete sin cabeza (URSS, 1972), donde fuera dirigida por Vladimir Vainstock, fue una película que la dio a conocer, y mucho, en no pocos países.

 

Próximamente en esta sala, en el cual ella trabajara en 1974, fue un  filme experimental mexicano que dirigió Sergio García. Dos años más tarde, en 1976, Eslinda formó parte del elenco internacional de Mina, viento de libertad, una coproducción cubano-mexicana dirigida por Antonio Eceiza. Una década después, es decir, en 1986, con su nombre en tercer lugar en los créditos, la actriz desplegó su trabajo en El socio de Dios, coproducción peruano-cubana, bajo la dirección de Federico García.

 

Ya en 1974, dado su desarrollo profesional y dentro de esas tareas que son derivación del oficio, Eslinda Núñez había sido miembro del Jurado que presidió el XIX Festival Cinematográfico de Karlovy Vary, Checoslovaquia. Debe añadirse, además, que entre 1969 y 1982, la actriz formó parte de delegaciones del ICAIC que participaron en Festivales y Semanas de Cine celebradas en diversos países, entre ellos, la antigua Unión Soviética, Checoslovaquia, España, Venezuela, México, Nicaragua y Ecuador.

 

Manuel Herrera, realizador y actualmente Director de la Cinemateca de Cuba, ha dirigido a Eslinda Núñez, su esposa, en tres largometrajes de ficción: No hay sábado sin sol (1979), Capablanca (1986) y Bailando cha cha chá (2005). El primero de éstos —con guión de Onelio Jorge Cardoso y del cineasta—, donde la actriz personificara a una trabajadora comunal, “formó parte de los intentos del ICAIC… por rescatar para las salas al público masivo”.

 

En labor paralela a su desempeño como actriz e íntimamente asociada a esta función, durante todos estos años, Eslinda Núñez ha realizado narraciones de documentales y el doblaje de películas extranjeras. Con respecto a esto último precisó: “El doblaje me ha permitido interpretar roles que quizás los directores nunca hubieran pensado para mí”.

 

La televisión es un medio que Eslinda nunca ha subestimado y del cual, como profesional, ha derivado grandes satisfacciones. Ha actuado, por ejemplo, en series dramáticas como Doble juego, a las órdenes de Rudy Mora, donde personificara a la maestra Encarnación “extraordinaria, dulce y severa”. Y con este director, Eslinda ha realizado su trabajo más reciente para la pequeña pantalla: Y sin embargo se mueve, en sus propias palabras, “una película distinta”. Con anterioridad, en filmes realizados especialmente para la televisión, ella había sido dirigida, entre otros, por Tomás Piard y Alejandro Gil.

 

Al margen de su profesión, a Eslinda le fascina cocinar y, sobre todo, hacer postres; sin embargo, detesta lavar y planchar. Su hijo Inti —nombrado así en honor del guerrillero boliviano Inti Peredo—, inmerso en el mundo audiovisual, ha continuado el camino de sus padres. Precisamente, el más reciente trabajo de Eslinda Núñez (en breve aparición), Juan de los muertos, ha sido producido por Inti Herrera y dirigido por Alejandro Brugués.

 

Según datos aportados por el Centro de Información del ICAIC, hasta la fecha, el Premio Nacional de Cine ha correspondido a los siguientes compañeros:

 

Alfredo Guevara (2003)

Julio García Espinosa (2004)

Humberto Solás (2005)

Enrique Pineda Barnet (2006)

Fernando Pérez, Nelson Rodríguez y Daisy Granados (2007)

Juan Padrón (2008)

Leo Brouwer (2009)

Raúl Pérez Ureta (2010)

Eslinda Núñez (2011)

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