Echelon, una red de espionaje planetaria


Echelon es más que una leyenda urbana. Nuestra vida es la vida de los otros. El día 5 de septiembre de 2001, el Parlamento Europeo denunciaba la existencia de Echelon, una red de espionaje de dimensión planetaria. Su mito pervive. Aunque ya no se llama Echelon.

Esta red de espionaje de Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda capta todos los mensajes que dejan un “rastro electrónico”, los selecciona y los almacena al servicio de los intereses de sus gobiernos o empresas.

Por medio de tu tarjeta de crédito y tu uso de internet controlan tus hábitos de consumo -esos libros de autores sospechosos, por ejemplo, de antiamericanismo que lees-, no solamente tus compras.

Este interés por la identificación de conductas sospechosas pone, precisamente, en riesgo la vida privada de todos los demás ciudadanos. Este sofisticado sistema de interceptación, nacido al finalizar la Segunda Guerra Mundial y que continúa plenamente operativo, se ha utilizado con fines militares, pero también económicos e incluso privados.

Echelon es un reducido y brillante equipo de estadísticos, lingüistas y matemáticos que trabajan en un lugar secreto, rastrean y analizan todas las comunicaciones internacionales por voz, fax y email. Este equipo ha servido a EEUU durante años para detectar indicios de criminalidad contra sus intereses y localizar a presuntos terroristas, creando alertas de riesgo y algoritmos de criminalidad.

11-S

Tras el 11-S, el país reforzó las medidas de seguridad y se propuso desarrollar una gigantesca base de datos sobre la que desarrollar un sistema de ‘scoring’ de peligrosidad analizando las transacciones de medios de pago, vuelos, hoteles y policía, permitiendo identificar a los pasajeros de los vuelos nacionales e internacionales de acuerdo a un ‘semáforo’ de colores: por ejemplo, aquel calificado como ‘rojo’ supondría un riesgo severo y no se le dejaría volar.

Que Estados Unidos nos vigila no es noticia. Aunque aún está por elucidar quién está detrás del espectacular pinchazo telefónico en el Consejo de la UE en Bruselas, este episodio rocambolesco reavivó la polémica sobre Echelon, la red global de interceptación de comunicaciones controlada por la Agencia Nacional de Seguridad estadounidense.

La historia de Echelon arranca en 1947, tras la Segunda Guerra Mundial, y su finalidad era originalmente espiar a los soviéticos. Pero con el tiempo derivó en el espionaje industrial y de eso a la información económica y política en Europa. El proyecto inicial contaba con la participación del Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda.

Espionaje en Europa

Los servicios de seguridad de las instituciones europeas descubrieron micrófonos ocultos en sus sedes, pero su preocupación por las escuchas ilegales o el espionaje venía de lejos. En septiembre de 2001, y tras meses de trabajo, el pleno del Parlamento Europeo aprobó por mayoría (367 votos a favor y 159 en contra) un informe -publicado en España íntegro por la editorial Melusina- en el que se dio por sentada la existencia de Echelon, que teóricamente tiene capacidad para interceptar tres millones de comunicaciones por minuto.

Cuenta con datos recogidos por 120 satélites espía y su capacidad técnica incluye la interceptación de todo tipo de mensajes transmitidos por vía satélite. Al elaborar el informe de la Eurocámara, sus autores recogieron testimonios de compañías europeas que denunciaban haber sido espiadas.

El caso más conocido fue el de Airbus, que aseguró haber perdido un contrato de 6.000 millones de dólares con el Gobierno saudí, que optó por la compañía estadounidense Boeing y McDonnell Douglas gracias a información desde Echelon.

CIA

Los servicios de seguridad de las instituciones europeas también creyeron haber descubierto a finales de la pasada década otro extraño caso que les llamó poderosamente la atención: unos técnicos ligados a la Administración australiana lograron acceder a la red informática de la ONU utilizando como ‘puente’ la red informática de la Comisión. El caso nunca fue aclarado.

No bastó que el ex director de la CIA James Woolsey reconociera en 2000 que EEUU recogía en secreto informaciones de empresas europeas, aunque sólo cuando éstas violaban sanciones de la ONU contra determinados países o comerciaban con países como Cuba, en la lista negra de Washington.

Los expertos consultados por la Eurocámara opinaron, sin embargo, que las tecnologías actuales permiten a EEUU ‘filtrar’ millones de comunicaciones cada hora, por teléfono, fax o la red Internet. ¿Quién nos dice que no sigue espiándonos

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